jueves, 31 de diciembre de 2009

SER O NO SER . . . .humano



Reflexionaba hace unos días sobre qué escribir del tema de la impericia médica en Puerto Rico, sobre médicos y abogados que pudiera servir de punto final a mis escritos en este año que acaba. Recordé una película protagonizada por el actor estadounidense Richard Gere titulada “Nights in Rodanthe”. Era una trama romántica, que mi esposa casi me obliga a ver en estos días. Digo que casi me obliga porque no soy muy dado a sentarme a ver televisión. Sin embargo, esta película me interesó por su trama secundaria, que nada tenía de romántica y que, un poco, motivó el que los personajes principales se conocieran.

No les voy a contar la película, solo la uso como pie forzado para este ensayo. Este afamado actor caracterizaba en la película a un médico cirujano que había perdido una paciente mientras le practicaba una cirugía relativamente sencilla. La dama tuvo una complicación que, aunque poco probable, la llevó a su muerte a pocos minutos de comenzada la cirugía. Una enfermera tuvo que comunicar a los familiares cercanos de la dama fallecida el hecho de su muerte, pues el cirujano estaba ocupado con otras tres cirugías que tenía pendientes. Eventualmente la familia demandó al médico por alegada impericia médica.

La actitud del médico - en la trama de ficción - de desentenderse de lo que podría ser más que un deber como médico, un deber sencillamente humano, me hizo recordar varios casos que he tenido, en particular uno muy reciente. Al igual que en la película, ni una palabra de pésame o de sensibilidad ante el hecho de la gran pérdida que estaba experimentando la familia de la persona fallecida, fue proferida en mi caso por médico alguno. Así lo declaró la hija en una especie de catarsis en corte abierta, provocando con sus sentidas y sinceras lágrimas un pequeño receso en el juicio.

Estar continuamente trabajando en una institución hospitalaria con gente enferma puede de-sensibilizar a una persona. Lidiar con el sufrimiento humano no es fácil y, si se hace frecuentemente, puede drenar las energías a una enfermera o a un médico al punto de afectar su ánimo y su capacidad para trabajar en la profesión que escogió. Peor aún, puede afectar su vida personal y familiar. Es razonable, por tanto, que estos profesionales de la salud tomen cierta distancia y tengan una actitud de desapego cuando se relacionan con sus pacientes. En mi opinión es válido para un profesional de la salud asumir en ocasiones una especie de coraza o escudo emocional que los proteja.

Trabajar con desapego o tomar cierta distancia, con el propósito de protegerse emocionalmente, como dije, es razonable. Sin embargo, esta actitud de “desapego” no debe llegar al punto de hacer que el profesional de la salud pierda la sensibilidad humana. El sufrimiento de su paciente o de las personas que pierden a un miembro querido de su familia, como consecuencia de un tratamiento médico, jamás debe tomarse a la ligera por el profesional de la salud.

Con su carencia de sensibilidad humana en ese momento de pérdida de su paciente, el personaje de la película interpretado por Richard Gere prácticamente se compró una demanda de impericia médica en su contra. Podría el médico haber tenido las mejores defensas en su caso que le valdrían quizá un veredicto a su favor; no sé, porque ese detalle queda en el aire en la película como una mera trama secundaria. Lo que quedó bien claro y fue eventualmente comprendido por éste, es que como ser humano fracasó y de mala manera en un momento crucial de su práctica profesional. Con su actitud, que claramente denotó prepotencia e insensibilidad, solamente logró que la familia que sufrió la pérdida del ser querido buscara enojada el asesoramiento de un abogado y que posteriormente lo demandara.

Ya había escrito que el común denominador de las personas que gestionan el asesoramiento de un abogado especializado en impericia médica es la falta de información, la frustración e impotencia ante lo ocurrido y el coraje. Estas emociones, que no ocultan, motivan casi el cien por ciento de las consultas profesionales que he hecho sobre este tema. “Vienen frustradas, con ira, impotentes de no poder hacer nada. Dudosas sobre el evento que marcó sus vidas. Caras largas que no explicaron porque “ellos son los que saben de medicina”. (Perfil de una víctima de impericia”).

Quizá no todas, pero estoy seguro que muchas visitas a los abogados no se harían con solo el médico dar cara a su paciente o familiares. Esto no tiene nada que ver con la medicina. Es algo que debe hacer el médico simplemente porque es también un ser humano, equipado con una conciencia que lo diferencia del animal. Un pésame sincero ante la pérdida, un abrazo, un ofrecimiento de razones; en fin, algo que denote que se hizo lo que se pudo y todo lo que debió hacerse pero no se obtuvieron los resultados deseados. Si fue así, algo que implique que sencillamente el tratamiento resultó en una desgracia que no se pudo evitar. ¿Qué le cuesta al médico hacer esto?

Soy abogado, represento exclusivamente a víctimas y defiendo los intereses de mis clientes en cualquier foro con asertividad y perseverancia hasta lograr el mejor objetivo posible en su beneficio. He aprendido con el tiempo y vivo día a día el valor de demostrar una verdadera solidaridad con las personas que se consideran víctimas directas e indirectas de impericia médica. Es también una meta alcanzable de todo el que se crea un buen médico y, si lo quieren ver desde el punto de vista pragmático, puede ahorrarles muchas visitas a los tribunales. Tomen los médicos éste como mi consejo gratis de fin de año.
Tal vez sea utópico, una pretensión idealista en un mundo donde cada día se pierden de vista valores simples y sencillos que, a través de los siglos, han servido de cohesión para lograr una mejor convivencia social. Siempre he sido idealista, así que espero que el nuevo año sea mejor que el que dejamos atrás.

3 comentarios:

Maria Rosa dijo...

Hola José.

Este post tuyo es uno de los mejores que he leído como descripción de lo que siente una persona cuando sufre una impericia médica. Nos caracteriza a los familiares de las víctimas de negligencias médica tanto como a las propias víctimas. Es eso lo que pensamos, tal cual tu lo describes y transmites en el post.
Te felicito. Me encantó leerlo.

Si me lo permites, te lo voy a pedir prestado para mi blog, para postearlo (con tu nombre, link del blog, etc.) como hago siempre con mis post, con las referencias correspondientes.

Te deseo para ti y tu familia que el 2010 sea un año excelente en todo sentido ¡¡Muchas Felicidades!!

Maria Rosa

Maria Rosa dijo...

Yo de nuevo.
José, el link de abajo, en el sidebar ( Preguntas frecuentes sobre impericia médica:
http://impericiamedica.com/_wsn/page5.html ) no funciona. No sé porqué, pero no abre. Quería leerlo... pero no anduvo.
Solo te avisaba para que estés al tanto :)

Prometeo dijo...

Me trajo a la memoria el día que mi hija estaba en el hospital con un terrible dolor de estómago (que resultó ser un quiste ovárico). el doctor me dijo que no había nada más que hacer sino esperar. Le pregunté que si al menos le podía dar algo para el dolor pues ella se revolcaba y lloraba a causa del intenso dolor. Me contestó que no pues necesitaban que permaneciera así para poder seguir haciendo pruebas. Llamé a la oficina de la procuradora del paciente. En menos de 30 minutos le adminstraron medicamentos para el dolor y me la refirieron al Centro Médico.

Cuando me fui a quejar del doctor en el hospital me dijeron que "el era así". De todos modos dejé una querella escrita y no sé que hicieron con el asunto aunque me imagino.


La indolencia es un mal que afecta a muchos profesionales de la salud y que afecta más a aquellos a quienes atienden.

Adelante y éxito.