martes, 2 de julio de 2019

A tres años de SANTIAGO v. FRESENIUS


Junto a una colega y buena amiga, representé a los demandantes, llevando a Santiago Montañez v. Fresenius, 2016 TSPR 96 todo el pedregoso camino hasta el Tribunal Supremo. Ello, entendiendo que nuestra prueba de daños era merecedora de una justa compensación, que no se obtuvo en primera instancia. Al triplicarla, de $130 mil a $390 mil, el Supremo validó en Mayo de 2016 nuestra creencia de que la otorgada originalmente era ridículamente baja. A nuestro juicio, sin embargo, el Supremo se quedó corto, considerando la prueba que sintetizó muy bien en su propia opinión. Pero, ¿qué hacer cuando entiendes que la cifra otorgada por el Supremo sigue siendo baja? ¿Debes solicitar una reconsideración? Nuestro mejor criterio en ese momento fue no hacerlo y limitarnos a cobrar la suma que el Supremo ordenó en favor de nuestros clientes. No han faltado críticas, con razón o sin ésta. Basta con decir que de nuestros clientes, a quien nos debíamos, ninguna.

Desde que se resolvió, la impresión en la clase togada es que Fresenius revolucionó el sistema de valoración de daños en Puerto Rico. Soy el primero en decir que no fue así. A través del Hon. Luis Estrella, juez ponente, solo se explicó detalladamente una metodología para que los jueces incluyeran en sus sentencias su razonamiento para valorar los daños emocionales (no objetivos) en los casos que resolvían, y, de forma novel, con expresión de las referencias usadas en el cálculo. Es conveniente puntualizar que, desde Herrera Rodríguez v. Ramírez, 2010TSPR 192 y subsiguientemente en Confesor Rodríguez v. Hospital Dr. Susoni, 186 DPR 889(2012), el Supremo ya había establecido los criterios para hacerlo, pero no se había explicado “tan bien”, como en Fresenius. 

Se dijo en Fresenius: “concluimos que las indemnizaciones concedidas en casos anteriores constituyen un punto de partida y referencia útil para pasar juicio sobre las concesiones otorgadas por el foro primario. Ello es así aun cuando reconocemos que no existen dos casos exactamente iguales y que cada caso es distinguible según sus circunstancias particulares.” Es decir, deben los jueces “detallar en sus dictámenes los casos que se utilicen como referencia o punto de partida para la estimación y valoración de daños y el cómputo realizado para establecer las cuantías que se concedan.” 

La ironía, por la cual muchos de mis amigos han catalogado a Fresenius como mi "victoria pírrica",  es que, utilizando de referencia unos casos anteriores y haciendo uso de un criterio correctamente subjetivo, pero, en mi opinión, altamente conservador, el Supremo entendió que $30 mil dólares resultaban suficiente compensación a un hijo por la muerte de su madre y que $90 mil compensaban a su viudo. Vean varios ejemplos de la subjetividad empleada - la cual es característica de la valoración de daños - cuando en 2012 el propio Supremo en Confesor Rodríguez validó daños morales por $500 mil a cada padre por la muerte de un hijo, y $50 mil a una de sus hermanas, mientras que en Rodríguez Cancel v. AEE, 116 DPR 443 (1985), validó $100 mil al padre por el fallecimiento de un hijo. Sin hablar del pintoresco caso de Infante v. Leith, que se concedieron $10 mil a una dueña por la muerte de su perro.

No obstante lo que resultaría en una correcta interpretación, las partidas de daños concedidas en Fresenius han servido de base para que los demandados argumenten que los daños emocionales por la muerte de una madre y esposa valen lo que dijo el Supremo que valían allí. Peor aún, en la concesión de daños, muchos en el foro han descubierto en Fresenius una especie de alimento para las buruquenas que habitan en sus bolsillos. Mientras, los jueces más liberales y aún algunos abogados de demandantes, han aceptado sumisamente esa interpretación, a mi juicio, incorrecta y restrictiva de Fresenius, con resignación. Sin embargo, ¿representa Fresenius el estándar actual para “valorar”, o meramente expone una metodología mediante la cual se calcula objetivamente esos daños? Hay que entender que, en el contexto jurídico de daños emocionales o morales, valorar no es sinónimo de calcular, sino de justipreciar esos daños, por lo que sostengo que es lo segundo.

Es harto conocido que la valoración o justipreciación de daños emocionales siempre ha sido un ejercicio investido de una alta subjetividad, que resulta a fin de cuentas una característica enteramente humana. Por ello, a diferencia del cálculo matemático de los daños objetivos, como sería la pérdida de ingresos, gastos funerarios y otros por el estilo, resultaría imposible sustituir la subjetividad que implica la justipreciación de daños emocionales por una inteligencia artificial. 

Al resolver Herrera, a Confesor Rodríguez y a Fresenius, el Supremo no se dio a la tarea de eliminar esa característica de subjetividad que siempre ha implicado la valoración de daños emocionales o morales. Tampoco creó derechos sustantivos para nadie. Los casos aludidos eran sobre el tema de la impericia médica. Con esos casos, el Supremo solo introdujo y explicó un procedimiento o metodología impersonal y fría para calcularlos, partiendo de unas referencias factuales y conclusiones contenidas en casos anteriores publicados, comparables en los hechos. Por tanto, el concepto vigente para valorar los daños sigue siendo el de conceder a la víctima que los sufre una compensación razonable…,  ni excesivamente baja o exageradamente alta, ya que el TPI es el foro de mayor contacto directo con la prueba testifical presentada.

Si Fresenius, et als. implicaran otra cosa, significaría que el alto foro entiende que el juicio valorativo de los jueces en casos anteriores resulta superior o de mejor calidad, al juicio valorativo de los jueces que presencian la prueba de daños en vivo y al presente. Ello resultaría sencillamente risible y no creo que haya sido una especie de razonamiento solapado de los jueces del alto foro en Fresenius, algunos de los cuales han tenido experiencia como jueces de instancia y como abogados litigantes, conociendo de primera mano, viendo y escuchando los relatos de las víctimas que los han sufrido.

Siendo meramente una metodología o procedimiento frío de cálculo, a tres años de Fresenius, se le ha dado a este caso, en mi opinión, una interpretación en extremo restrictiva, utilizándolo de camisa de fuerza, oponiéndolo al legítimo interés y derecho de una víctima para que se le justiprecie adecuadamente el daño emocional sufrido. La lectura que, en el foro, han dado muchos a este caso, sencillamente se ha ido de las manos. Incluso en un acto de malabarismo jurídico los demandados están actualmente pretendiendo se aplique Fresenius en casos de diversidad de ciudadanía, ventilados ante la corte federal, donde prima la séptima enmienda de la constitución federal y, por ende, el juicio crítico de un jurado, pero donde también prima la doctrina Erie (Erie R. Co. v. Tompkins, 304 US 64), que desalienta el "forum shopping", a la vez que evita la inequidad en la administración de las leyes. 

     De hecho, la aplicación de Fresenius actualmente se encuentra "en veremos" en el Tribunal de Apelaciones de EEUU para el Primer Circuito de Boston, donde la controversia, con toda probabilidad, girará en torno a si la doctrina recogida y explicada por el Supremo es "sustantiva", en cuyo caso podría ser aplicada en el foro federal, o simplemente "procesal", como creemos, lo que la haría inaplicable. Uno nunca sabe, aunque me atrevo apostar que el Primer Circuito no interesará eliminar la 7ma. Enmienda constitucional y, por ende, el derecho a juicio por jurado en casos de diversidad,  aplicando la doctrina procesal establecida en Fresenius a las personas, con ciudadanía estadounidense, que hayan sufrido daños en Puerto Rico y reclamen en el foro federal.

Por último, sigue mi consejo de buena fe al foro estatal, mientras el hacha va y viene y otra cosa se resuelva, y sin perjuicio de una aclaración judicial futura de los foros que vendrán obligados a hacerlo. Debe hacerse una lectura de Fresenius, de acuerdo a como lo resolvió el Supremo: las indemnizaciones concedidas en casos anteriores constituyen (solo) un punto de partida y referencia útil para pasar juicio sobre las concesiones otorgadas por el foro primario."  No se siga usando ni se siga pretendiendo utilizar a Fresenius como una camisa de fuerza, ni se estire el chicle más de la cuenta.