miércoles, 8 de marzo de 2017

Alarmante la impericia médico-hospitalaria como la tercera causa de muerte

En mi libro “Crisis de Impericia Médica, mito o realidad”, Ed. SITUM 2003, hice referencia a un estudio publicado en 1999 conducido por el Instituto de Medicina de la Academia Nacional de Ciencias, Ingenierías y de la Medicina, que describía una incidencia de 44,000-98,000 muertes anuales en EU, como consecuencia de errores médicos. De hecho, esta estadística no estaba fundamentada en un estudio conducido por el Instituto, sino en uno realizado en la Universidad de Harvard en 1984 y en otro en los estados de Utah y Colorado. En Puerto Rico esta estadística no se recoge ni se conoce.

Un estudio publicado el pasado mayo de 2016 sobre la tasa de muertes en un período de ocho años, conducido por expertos en seguridad del paciente de la Universidad de John Hopkins, liderados por el Dr. Martin Makari, nos ha informado que los estimados actuales sobrepasan todos los anteriores. Este estudio ha concluido que los errores médicos constituyen la tercera causa de muerte en los Estados Unidos, solo sobrepasada por el cáncer y enfermedades cardiacas, lo que es verdaderamente alarmante.
            
            En 2004 se resaltó que no eran casi 100,000 muertes, sino alrededor de 195,000 las muertes anuales de pacientes hospitalizados y recipientes de Medicare producidas por errores médicos. Posteriormente, esta cifra fue extrapolada por unos estudiosos del tema y concluyeron en 2013 que los errores médicos ocasionaban alrededor de 400,000 muertes anuales solo en los EU, más de cuatro veces el estimado hecho en 1999 por el Instituto de Medicina.

            No obstante los estudios realizados y el conocimiento general de que la impericia médico hospitalaria es la causa de muchas muertes, no ha sido suficiente para que aparezca como tal en los certificados de defunción. La razón no es que la impericia médico hospitalaria y los errores del sistema no ocurran, sino razones puramente burocráticas, quizá en protección del propio sistema de salud y de sus componentes.

El Centro de Control de Enfermedades y Prevención (CDC) es la encargada de concientizar al público y priorizar los estudios médicos (“research”) que se necesitan, conforme la información que allí se recoge. Eso se hace mediante el acopio de información que cumplimentan los médicos, hospitales, directores de funerarias y los patólogos forenses en los certificados de defunción. Y lo hacen a base de una asignación que únicamente descansa en el Código Internacional para la clasificación de enfermedades de causas de muerte. Causas de muerte no asociadas con esa codificación, como por ejemplo, los factores de sistema y humanos no son capturados y, por ende, son excluidos.

La seguridad del paciente se ha convertido con el paso del tiempo, en una ciencia de por sí. Se ha madurado tanto sobre el particular que ya se ha admitido abiertamente que la falta de comunicación efectiva entre los componentes del sistema de salud, errores en el diagnóstico pobre juicio y talento inadecuado del personal médico y de enfermería pueden resultar directamente en la muerte de un paciente.

Afortunadamente para todos, los profesionales de la salud, incluyendo médicos, personal de enfermería y ancilar y los administradores de hospitales se han concienzado poco a poco, pero lo suficiente como para propiciar que actualmente se hable en forma abierta en sus centros de trabajo, no solo en la academia, de los errores médicos y del sistema que provocan la muerte del paciente. Ello, con el obvio propósito de evitarse las demandas que pudieran seguir en aumento, pero, de refilón, en favor de la salud y bienestar del paciente, que debe ser y permanecer siendo su norte. Espero también que llegue el día en que un certificado de defunción pueda resaltar como causa de muerte del paciente: IMPERICIA MEDICA o NEGLIGENCIA HOSPITALARIA. Quizá de esa forma todo el mundo adquiera mayor conciencia.

viernes, 18 de noviembre de 2016

Lesiones del nacimiento (Parte 1)

Luego de una impericia médica o de alguna negligencia hospitalaria, el nacimiento de un bebé no siempre trae consigo el momento más feliz en la vida de la madre y del padre, como debe ser. De hecho, aunque, para dar paso a la realidad que les ha tocado vivir muchos padres superan el horrible trauma inicial que supone una experiencia de esa naturaleza, perdura la huella imborrable de las acciones u omisiones negligentes de aquellos en quienes depositaron su confianza y la vida de seres queridos.

Con excepción de la prematuridad en algunos bebés, el evento del nacimiento de una criatura comienza alrededor de las 40 semanas de gestación. Luego de unas contracciones uterinas inusualmente dolorosas o incómodas, los padres agarran la maleta que tenían preparada desde hace semanas y se dirigen al hospital a parir, no sin antes llamar a su obstetra para informarle del evento que está por ocurrir y, en segundo lugar, a la abuela materna, que se dirige rápidamente cual enfermera de sala de emergencias. Puede que la madre haya "roto fuente" y puede que no.

Siguiendo las instrucciones de su médico al pie de la letra, llegan prontamente al área de admisiones, donde brindan toda la información pertinente, la montan en un sillón de ruedas y la dirigen a sala de partos. Allí le colocan un instrumento para velar en una pequeña pantalla las contracciones intrauterinas y, sobretodo, con el fin de supervisar los latidos cardíacos del bebé.

Distinto a los adultos, los latidos fetales normales son relativamente rápidos. debiendo oscilar alrededor de los 140 latidos por minuto. En un trazado del monitor, se observa cómo los latidos fetales varían al momento de cada contracción uterina de la madre. Se da lo que se conoce como el reflejo "espejo": cuando llega la contracción, los latidos fetales suelen disminuir. Esto ocurre porque en el momento de la contracción uterina, el flujo de oxígeno normal hacia el bebé disminuye. Las contracciones uterinas de parto ideales son aquellas que, luego de transcurridas, permiten al bebé recuperar su latido cardíaco normal. Por el contrario, cuando no hay una coordinación adecuada entre la contracción y el latido cardíaco fetal, y se pierde el reflejo "espejo", puede haber un problema de oxigenación que debe ser corregido de inmediato, a riesgo de muerte o de grave daño cerebral del bebé por nacer.

El personal de enfermería de la sala de parto debe moverse con celeridad, cuando percibe que las contracciones uterinas son anormales o que el latido cardíaco fetal disminuye a un nivel peligroso. Estos monitores cuentan con alarmas, que alertan al personal de enfermería cuando el ritmo cardíaco fetal baja a 90 latidos por minuto o menos, implicando que hay un evento de bradicardia que debe atenderse de inmediato. Cuando esto no ocurre, comienza a llegarle menos oxígeno al cerebro del bebé y entonces comienzan sus problemas y los de sus padres.

Nuestra oficina ha manejado casos en los que el personal de enfermería ha llegado al extremo de apagar la alarma del monitor fetal que ha alertado la anomalía. Algunas enfermeras de parto han malinterpretado los trazados del monitor fetal, haciendo caso omiso al evento ominoso que ello implica. En otros casos, las enfermeras no han alertado al médico a tiempo o no han hecho lo que el protocolo para esos casos, ordena hacer. En otros, el médico no actúa con la rapidez y la diligencia necesaria para atender lo que implica una gran emergencia. 

El común denominador en todos estos casos que hemos atendido es que, por la falta de oxígeno o hipoxia en un momento crucial en el desarrollo del evento del parto, parte del cerebro del feto muere. Esto se conoce como encefalopatía hipóxica e isquémica. Como resultado de esta situación dolorosa, nacen niños que, en muchas ocasiones, requieren la instauración de medidas heroicas de personal hospitalario compuesto de médicos especializados y enfermeras para devolverle la vida, si es que tienen suerte, quedando luego éstos con severo daño cerebral. De aquí en adelante comienza la vida de una familia con un niño con perlesía cerebral. Todo cambia.


jueves, 10 de marzo de 2016

RYAN..., nuestro campeón



Hace casi tres años colgué un post sobre la fototerapia en los hospitales y el daño cerebral, y su relación con la impericia médica y la negligencia hospitalaria. De hecho, así lo titulé. Trataba en mi escrito de una condición de salud, entonces desconocida para mí como abogado: KERNICTERUS. Algo de lo que, incluso, muchos médicos desconocen o, al menos, de lo que no han escuchado hablar frecuentemente en sus escuelas de entrenamiento profesional. Delata esta condición una muy probable negligencia en la administración - o falta de administración - de fototerapia. La fototerapia es ese tratamiento con lámparas que todos hemos visto le ponen a algunos bebés recién nacidos en los "nurseries", cuando se ponen un poco amarillitos. También es conocido que eso es consecuencia de niveles de bilirrubina altos en la sangre. Cuando ocurre, se produce lo que se conoce como ictericia, pero ahí no termina el tema.

Por definición, la bilirrubina es un líquido amarillento que se encuentra en la bilis, que es producido por el hígado. Esa palabrita - bilirrubina, que muchos han escuchado por primera vez en la pegajosa canción que Juan Luis Guerra viene cantando hace poco más de 25 años, es mucho más importante que eso. Unos niveles altos de bilirrubina, resulta en ictericia que, en la mayoría de las ocasiones, se corrige con fototerapia, pero puede evolucionar a algo más serio y ocasionarle daño cerebral al bebé si ese líquido amarillento y tóxico le sube al cerebro. Esta condición, desconocida para muchos, se llama con el nombre de KERNICTERUS. La fototerapia se administra de acuerdo a unos protocolos sencillos, que han sido establecidos y que todos los "nurseries" deben tener pegados a su tablón de edictos. Si estos protocolos no se siguen, el bebé puede desarrollar esta seria condición.

Ryan fue víctima de negligencia en la administración de fototerapia. Hoy día vive con daño cerebral severo y permanente, como resultado de haber desarrollado KERNICTERUS, debido a negligencia. Varios pediatras que intervinieron con él en el hospital donde nació desconocían  o no aplicaron el protocolo para administrarle la fototerapia a Ryan.

Luego de varios años de litigio, en el que se superó la usual negación inicial de negligencia médica, se logró obtener en beneficio del niño una compensación económica que ayudará a sus padres a proveerle una mejor calidad de vida. Después de mucho esfuerzo y trabajo legal arduo, con la ayuda de peritos de nivel mundial, la comprensión cabal y sensibilidad de los abogados y abogadas de los demandados, de la Procuradora de Relaciones de Familia  y del Tribunal, logramos poner fin al litigio, dictándose sentencia final.

No hay más que conocerlo para enamorarse de él y sentir una gran empatía con sus padres. Tiene una
sonrisa bella, que siempre ha denotado felicidad y muchos deseos de vivir y aprender. Ryan ha sido un campeón y lo seguirá siendo. Ya no tendrá que venir en su silla de ruedas al tribunal, verse con abogados y lidiar con sentencias. La sentencia más importante, sin embargo, es la que dictó la negligencia médica en su contra y de su familia cuando nació. Esa no puede jamás ser archivada porque él y sus padres la viven día a día. Es una que debe servir de experiencia a los nuevos padres.

Los padres de Ryan tienen una página en facebook, en la que colocan todos los logros y experiencias vividas con su hijo a diario. Los invito a visitarla y recorrerla. Su propósito es crear conciencia sobre la condición del niño, pero revela el orgullo que sienten por cada avance en la vida de su hijo, y no es para menos. Cada vez que la visito siento inmenso orgullo de haber sido un vehículo para mejorar la calidad de vida de estos bellos seres humanos que conocí hace algunos años.

KERNICTERUS es una condición evitable si todos ponemos de nuestra parte: médicos, hospitales y los padres de recién nacidos. Hay que conocer los riesgos. Todos pueden evitar que eventos negligentes, como el de Ryan, ocurran en nuestros hospitales. Una sentencia ayuda a la calidad de vida del que la sufre, pero no corrige la condición que resultó de la negligencia. La fototerapia no es una mera lámpara que le da calor al bebé recién nacido; es mucho más que éso y debe tomarse en serio.