miércoles, 30 de abril de 2008

Al fragor de la lucha forense


La litigación en todo campo del derecho – y la impericia médica en Puerto Rico no es la excepción, conlleva, en muchas ocasiones, palabras fuertes o altisonantes, frases equivocadas, dichas por el abogado, todas en el fragor de la lucha forense. Muchas de éstas son verbalizadas espontáneamente y en otras ocasiones, de manera escrita, presumiblemente más pensadas, objeto de mayor deliberación por parte del que las escribe. El proceso adversativo implica precisamente el que adversarios midan sus actuaciones u omisiones pasadas y presentes y sus argumentos para defenderlas con el objetivo en mente de prevalecer en su día ante el juzgador de los hechos, que puede ser un juez o un jurado, con las actuaciones u omisiones pasadas y presentes del adversario.

El abogado litigante no debe perder de perspectiva que no es el dueño de la acción que lleva ante el tribunal; el dueño es siempre su cliente. No debe olvidarse nunca que el abogado que representa al cliente adversario del suyo es sencillamente eso: el instrumento que utiliza el cliente con intereses opuestos al de uno para sostener sus puntos de vistas para presentarlos y representarlo ante el foro judicial de la mejor manera posible, utilizando las reglas, la ley y su mejor talento.

En ocasiones algunos podemos salirnos un poco de la raya, bien sea de forma verbal o epistolar. Cuando se advierte que ello ha ocurrido, se debe rectificar de inmediato y, de proceder una disculpa, comunicarla al abogado de la parte adversa que pudo sentirse agraviado con las palabras, acciones u omisiones en el fragor de la litigación, aunque no lo manifieste expresamente. La disculpa no debe tomarse por nadie como un posible signo de debilidad, sino de fortaleza de carácter. Trasmitida la disculpa debidamente, pasada la página, se vuelve al fragor de la lucha, con la esperanza de que todo quede atrás, midiendo las actuaciones en su justa perspectiva, pero sin confundir la gimnasia con la magnesia.

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